Leopoldo María Panero advierte en
la película El desencanto (Jaime Chávarri, 1976) que mostrar la
historia de la familia debiera resultar romántico y lacrimógeno, pero que “la
realidad es demasiado deprimente”. Quizás esta afirmación lo que refleje todo. Porque
pese a que Javier Fernández durante la presentación anterior a la proyección
del film decía “hoy es un buen día para los que aman la poesía”, los reunidos
en la Filmoteca de Andalucía –en una tarde astorgana de verano- no iban a
toparse con la poesía más allá de un nombre –el legendario Leopoldo María
Panero- y unos versos murmurados vagamente por este, sino con la épica que
reivindica la figura del héroe y ensalza sus hazañas, siempre a medio camino
entre la realidad y la ficción. Una épica construida a través de la expresión
oral, de los diálogos, familiares en el caso de los en blanco y negro e improvisados
en los de a todo color (y en directo).
Fotograma de El desencanto (Jaime Chávarri, 1976)
Hubo muchos elementos de épica: las cuatro
coca-colas, citar que Bolaño habla de él en 2666 o insistir en que la CIA lo persigue. Vacas llegó (incluso) a decir: “Después de los Rolling
Stone está Panero”. Pero también la épica se quebró casi con la misma
intensidad que con las palabras de Leopoldo María en la película –“yo me
destruyo para saber que soy yo y no todos ellos”- cuando este bajó del escenario
para sentarse en una butaca. Nuestro héroe, en el que perdura ese gesto que observamos en la pantalla de introducir la mano en la camisa para tocar el pecho, se pasaba del verde de las sillas
del escenario al naranja de las butacas y huía de las escenificaciones.
Leopoldo María Panero, sentado entre el público, en la primera fila.
Fotografía de Lola Araque
Como nos recuerda Michi Panero
hacia el final de la película, para estar desencantados antes hay que estar
encantados o quizá, como también apunta el hermano menor, simplemente el
desencanto es una cosa impuesta, como la épica. También la épica viene dada y
no se combate con epitafios.
Pálida señorita del
paraguas
PD: Y esto era solo el primer
asalto Novísimo. A partir de esta tarde, más leyenda. Estaremos retransmitiendo en directo las mesas de los Novísimos a través del hashtag #novisimos (en
minúscula y sin tilde). Que nadie diga que no poder trasladarse a la ciudad del
hombre del paraguas es excusa para perderse un reencuentro histórico.

