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domingo, 7 de octubre de 2012

Historia de una foto

Estos son los fotógrafos que fotografiaron a los Novísimos cuarenta años después. Con su cámara a cuestas, en moto o en bici, son los esperaron pacientemente en el patio de Bodegas Campos al mediodía para inmortalizar un momento poético singular. 


 De izquierda a derecha, Francis Vargas (El País), Rafa Madero (Cordópolis y El Mundo), Lola Araque (Cosmopoética) y Paco Sánchez Moreno (Diario Córdoba). 

Los que protagonizaban la foto histórica (oficial) llegaron a Córdoba en tren o en avión, con sus libros y sus risas, con sus corbatas y sus trajes. Son estos otros, los de Castellet, los Novísimos. Aterrizaron en la ciudad los que estuvieron incluidos en esa antología y algunos de los que quedaron fuera, pero también sus estudiosos, como Juan José Lanz o Túa Blesa. Cinco mesas y muchas conversaciones en el exterior de la Sala Orive más tarde los conocemos mejor, no solo poéticamente.
 Novísimos y acompañantes junto a José Nieto (Alcalde), Juan Miguel Moreno Calderón (Concejal Delegado de Cultura Ayuntamiento de Córdoba) y Joaquín Pérez Azaústre (Director Literario del Festival). Fotografía de Lola Araque

Sabemos de sus influencias (ese Góngora siempre latente y la reivindicación de Cántico, especialmente de Antiguo muchacho de Pablo García Baena), de su pretensión de ruptura con las estéticas caducas de aquel momento, de su afición a referenciar obras, autores, conceptos, etc., y de la predilección por lo cinematográfico de unos frente a la reivindicación del metalenguaje de otros. También conocemos algunas peculiaridades de la relación entre ellos y cómo ensalzan la figura de Pere Gimferrer, como pieza clave de su generación.

Sí, ellos han protagonizado este reencuentro histórico, pero no debemos olvidar que, si han estado aquí, es porque hay una intrahistoria que contar, una intrahistoria cósmica de fotógrafos que fotografiaron a los Novísimos, coordinadores, gestores y demás personal que dedicaron muchas llamadas y emails a que los Novísimos estuvieran, periodistas que se esforzaron por hacer que los Novísimos saltaran a los medios y al 2.0… Todos ellos, los protagonistas de esta intrahistoria, también están en la foto del reencuentro, aunque no se vean. Ellos no son los Novísimos; son los que hicieron que los Novísimos estuvieran aquí, con el hombre del paraguas.
Pálida señorita del paraguas

PD: Recopilaremos en un documento todos los tuits de las retransmisiones de las mesas novísimas lo antes posible, a modo de resumen histórico-cibernético de este reencuentro. Pero eso será dentro de unos días. Ahora toca llevarse prendidos en los ojos todos los versos y los momentos singulares de esta edición de Cosmopoética 9, porque, aunque parezca mentira, la clausura del Festival tendrá lugar esta tarde: Alcázar de los Reyes Cristianos, 20.30h, con “En un claro del tiempo”, de Jesús Vigorra y Carmen Camacho.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Contra la épica

Leopoldo María Panero advierte en la película El desencanto (Jaime Chávarri, 1976) que mostrar la historia de la familia debiera resultar romántico y lacrimógeno, pero que “la realidad es demasiado deprimente”. Quizás esta afirmación lo que refleje todo. Porque pese a que Javier Fernández durante la presentación anterior a la proyección del film decía “hoy es un buen día para los que aman la poesía”, los reunidos en la Filmoteca de Andalucía –en una tarde astorgana de verano- no iban a toparse con la poesía más allá de un nombre –el legendario Leopoldo María Panero- y unos versos murmurados vagamente por este, sino con la épica que reivindica la figura del héroe y ensalza sus hazañas, siempre a medio camino entre la realidad y la ficción. Una épica construida a través de la expresión oral, de los diálogos, familiares en el caso de los en blanco y negro e improvisados en los de a todo color (y en directo).


 Fotograma de El desencanto (Jaime Chávarri, 1976)

Entre dos ingenieros que no ejercen como tales, Javier Fernández y Fernando Vacas, aparecía en el escenario Leopoldo María Panero, a modo de presentación de esta película, un híbrido entre documental y ficción (a base de personajes reales), que podría entenderse –en este contexto cósmico- como un poema novísimo. “Brilla como una rareza dentro de lo que es el cine español”, comentaba Fernández sobre esta obra de Jaime Chávarri, cuya atmósfera se expandía por toda la sala embriagando a los asistentes. Sí, el desencanto llegaba como algo más que el desencanto del franquismo o el desmoronamiento de una familia.
Hubo muchos elementos de épica: las cuatro coca-colas, citar que Bolaño habla de él en 2666 o insistir en que la CIA lo persigue. Vacas llegó (incluso) a decir: “Después de los Rolling Stone está Panero”. Pero también la épica se quebró casi con la misma intensidad que con las palabras de Leopoldo María en la película –“yo me destruyo para saber que soy yo y no todos ellos”- cuando este bajó del escenario para sentarse en una butaca. Nuestro héroe, en el que perdura ese gesto que observamos en la pantalla de introducir la mano en la camisa para tocar el pecho, se pasaba del verde de las sillas del escenario al naranja de las butacas y huía de las escenificaciones. 
Leopoldo María Panero, sentado entre el público, en la primera fila. 
Fotografía de Lola Araque

Como nos recuerda Michi Panero hacia el final de la película, para estar desencantados antes hay que estar encantados o quizá, como también apunta el hermano menor, simplemente el desencanto es una cosa impuesta, como la épica. También la épica viene dada y no se combate con epitafios.

Pálida señorita del paraguas

PD: Y esto era solo el primer asalto Novísimo. A partir de esta tarde, más leyenda. Estaremos retransmitiendo en directo las mesas de los Novísimos a través del hashtag #novisimos (en minúscula y sin tilde). Que nadie diga que no poder trasladarse a la ciudad del hombre del paraguas es excusa para perderse un reencuentro histórico.

viernes, 3 de agosto de 2012

Grado superlativo

  El hombre del paraguas recupera las lecturas de los Novísimos. En la imagen, "Un claro tiempo de versos", cosmoantología que se preparaba para la quinta edición del Festival.

Uno piensa que si los nombra así todos juntos [Manuel Vázquez Montalbán-Antonio Martínez Sarrión-José Mª Álvarez-Félix de Azúa-Pere Gimferrer-Vicente Molina Foix-Guillermo Carnero-Ana Mª Moix-Leopoldo Mª Panero] va a quedarse sin respiración o a intercambiar sus personalidades con la confusión de sus apellidos. Vuelve a hacerlo (en voz alta, esta vez más lento) [Manuel Vázquez Montalbán - Antonio Martínez Sarrión - José Mª Álvarez - Félix de Azúa - Pere Gimferrer - Vicente Molina Foix - Guillermo Carnero - Ana Mª Moix - Leopoldo Mª Panero] y va contando nombres con los dedos de la mano para asegurarse de que no se deja ninguno atrás. Después, queda fascinado por la sonoridad de la palabra novísimo, con en esa s justo en su centro, y reflexiona acerca del grado superlativo de los adjetivos (grande-mayor-máximo). En sí, queda deslumbrado por la sonoridad de la palabra novísimo y hace memoria de ese cuadro a tres columnas en un libro de texto (probablemente rojo, si ronda los veinte años) en el que se recogían sus nombres así como su obra (u obras) del momento más significativas, desde Arde el mar a Una educación sentimental.

Stop. Regresa entonces a lo del superlativo. Y es que... ¿qué poetas, por muy jóvenes o "rompedores" que sean, por muy innovadores que resulten, han conseguido tal categoría, tal grado superlativo en su denominación, y además lo han mantenido a lo largo del tiempo sin desmerecer semejante calificativo? La antología de José Mª Castellet Nueve Novísimos poetas españoles (1970) se alzaba desde su publicación como controvertida, polémica, tanto por los nombres que incluía como por los que quedaban fuera.  Desde el culturalismo a la estética pop, fruto del inconformismo y la rebeldía, por fin se asistía a una renovación en el panorama poético y Castellet recogía esta estampa en su variedad: de los seniors a la coqueluche.

Revisar la obra de estos poetas hoy sigue siendo encontrarse con Jim, Beverly Hills, Conchita Piquer, Sharon Stone, Billie Holliday, Ava Gardner, el mar, la muerte, los hoteles... y el amor desnudo. Puede ser, incluso, la oportunidad perfecta para hallar el seudónimo adecuado (Galatea ha descubierto que este año será "pálida señorita del paraguas" gracias a "By love possessed", de Pere Gimferrer) o un verso que desmonte la tarde y haga que un caluroso día de agosto adquiera sentido (aun en la playa). Seguro que cada cual consigue encontrarse en los poemas de alguno de estos nueve novísimos, ya sea por la temática, el tono o el vocabulario. Uno de ellos lo seducirá y será su novísimo predilecto por siempre jamás, pero en Cosmopoética los podremos conocer a todos.

Nunca se han reunido en su totalidad. Faltó Leopoldo Mª Panero (precisamente él, que hace apenas unos meses se dejaba caer en el Palacio de Viana en Córdoba) en la comida que se celebró con motivo de la reedición de la antología por Península treinta años después. Esta vez sí estarán todos. Vienen a ver al hombre del paraguas. Puede pasar cualquier cosa. 


pálida señorita del paraguas