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viernes, 6 de septiembre de 2013

La cuenta atrás y los cosmonervios

Hoy es el primer viernes de la cuenta atrás. Quedan 16 días. A estas alturas, el cosmoequipo baraja seriamente la idea de emprender una acción muy loca para sobrellevar la espera, que no es suficiente con los preparativos, los emails, las llamadas, las correcciones… Pero, en realidad, la cuenta atrás comenzó con la llegada de septiembre. Ese día el estómago comenzó a rugir de manera extraña y los ojos a vibrar de nervios de forma incontrolable.

Sí, estamos nerviosos. Son unos nervios dulces, pero nervios al fin y al cabo. Estamos ante la Cosmopoética del Décimo Aniversario y… El hombre del paraguas no deja de caminar rápido, de dar vueltas de un lado a otro, tembloroso, por el patio del Palacio de Orive. Desde allí, punto neurálgico del Cosmos, se despliegan hilos invisibles hacia los distintos miembros del Cosmoequipo. Esta comunicación cifrada encierra cosas como Estamos corrigiendo la maqueta del Cosmoperiódico y este año trae más textos de los autores, Rozamos los 2000 fans en Facebook y planeamos organizar una fiesta 2.0 para celebrarlo, Acabamos de confirmar la participación de ***.**, ¡yeah!, Los talleres ya están a tope, Fulano no me ha enviado aún la bio… En sí, un ir y venir de mensajes inconexos que componen el “esto ya va sobre ruedas”, especialmente en la semana en la que hemos cerrado el plazo de participación en dos actividades muy importantes: Anónimos 2.1, que ha batido récord, con más de 1100 poemas recibidos y ha consolidado su éxito de convocatoria con una comunidad de más de 850 fans en Facebook, y Dinamopoética, el lado joven (y más arriesgado) del Cosmos, que se amplía este año con la videocreación y la música de autor.

Entre tanto, hemos descubierto cómo quedará el libro editado por La Bella Varsovia que recopilará los poemas y tuits ganadores de UCOpoética, “El pájaro y el ahorcado”, cuyo título procede del tuit ganador: “El árbol recibe igual al pájaro que al ahorcado”. Su autora, la bella María Sánchez, ganadora también de la modalidad de poemas, se piensa habitada por pájaros que esperan la menor oportunidad para escapar de su cuerpo y, así, considera que no podría haber portada más propicia que la elaborada por Raquel Carnicer, en la que se combinan sus cuatro elementos (poéticos) básicos: cuerpo-bosque-casa-animal.


Por otro lado, nos siguen llegando #meacuerdos. Algunos, incluso, hacen que alguna lagrimilla se nos escape a propósito de las primeras andanzas del Cosmoblog, con Polifemo y Galatea. Han abierto una librería llamada “Galatea” en la calle de Galatea, nos informa el cosmocordobés José García Obrero y nos envía esta imagen. Y así, entre #meacuerdos, novedades y mucho trabajo, descubrimientos poéticos, como la voz de Cristina Domenech, con versos tan rotundos como estos:

“cómo comer el pan cuando recuerdo los muertos en la mañana”
“nacemos de los hijos/ aprendemos a sernos/ en sus ojos”

Con este post tan loco queda inaugurada oficialmente la cuenta atrás. Y sirva esta canción, Góngora, de Hydrogenesse (tributo al ciclo Soledades 2.0. No moderno artificio de Cosmopoética8), para celebrarlo...


pálida señorita del paraguas

viernes, 28 de septiembre de 2012

Otoño artificial en primavera (o al revés)

La lluvia nos vuelve sensibles a la primavera, más aún sin andamos tras los pasos del hombre del paraguas para llegar un jueves 27 de septiembre -20h- a la Sala Orive para descubrir una voz muy joven y muy sólida, por su imaginario particular. “Clima artificial de primavera” (La Bella Varsovia, 2012) reúne “esa temperatura que es necesaria en cualquier libro”, según precisaba Pablo García Baena en la cariñosa presentación de este libro, que contiene parte de su espíritu a través de un premio, pues Ignacio Vleming, su autor, madrileño del 81, se ha alzado con el V Premio Pablo García Baena.

 Pablo García Baena e Ignacio Vleming. Fotografía: Lola Araque

“El libro es una habitación con vistas”, sentencia después García Baena, y apela a las referencias de su autor y a la inocultable pasión de este por el voyeurismo de la vida corriente. Sí, quizás lo mejor fueron las vistas, es decir, que Ignacio Vleming se empeñara, con esa voz suya tan embriagadora, en mostrarnos las imágenes que se esconden tras sus poemas, tan llenos de ventanas y escaparates a edificios y vidas ajenas, artificialmente bellas. Observamos el edificio Casablanca, en Lavapiés, un Renoir, adquirido por una ancianita en un rastrillo hace unos meses, collages… porque “de pronto, llueve un día dentro del cuadro”, que diría Vleming, y advertimos que, en efecto, escribimos más con manos que con ojos.

Pero para hablar de “Clima artificial de primavera”, hay que comenzar por el Edificio Capitol, el primero de España en contar con máquinas de aire acondicionado, y el descubrimiento de una cita – “(…) mantener el ambiente en el llamado clima artificial de primavera”- que daría paso a un poemario por escribir.
 Pablo García Baena, Elena Medel (La Bella Varsovia) e Ignacio Vleming. 
Fotografía de Lola Araque

En la Sala Orive (“es el sitio más bonito en el que he recitado”, confesaba Vleming), entre estaciones confusas (¿otoño? ¿primavera? ¿invierno?), pasó la historia de unos zapatos viejos, la felicidad congelada, en forma de flores de plástico, la nostalgia de los viajes y luego correr a prisa entre la lluvia para llegar lo menos tarde posible a una mesa redonda, rústica, en El Churrasco y hablar de la belleza, el desamor, el cine o el destino, con algo de vino en los labios y un compañero de ceremonia, Manuel Lamarca, que andaba a la caza de la poesía desnuda por los paisajes (interiores) de su Córdoba natal.

“Todo cambiará excepto la eterna primavera”, escribe Vleming. Resulta muy cierto (o muy oportuno) hablar de la artificialidad de la primavera en un otoño lluvioso (y cósmico), o quizás al revés. En sí, hablar de lo de adentro a través de lo de afuera. “Es casi un clima artificial de invierno el que hay aquí dentro”, comentaba Vleming en la Sala Orive, y su primavera se nos quedaba prendida en los ojos, un tanto invernales.

Pálida señorita del paraguas